Lluvia y neblina, el paraíso en tierras triquis

Lluvia y neblina, el paraíso en tierras triquis.

Frederick Starr, antropólogo estadounidense, a su paso en las  tierras Triquis en el año 1898 escribía lo siguiente:

“Ya nos hemos referido a la hermosa localidad de Chicahuaxtla. Su aspecto es más pintoresco. (…) En Chicahuaxtla estábamos en la cumbre de la gran nave en el agua, y de que, cuando el aire es claro, uno puede mirar hacia abajo, sobre un mar de cumbres y cordilleras (…)

Nuestro primer vistazo a la localidad propuso un auténtico paraíso. A las once estaba claro el cielo, el sol casi tropical, sonrió todo el pueblo bajo sus cálidas vigas, pero en un dos por tres hubo un cambio. Nieblas, tan densa como para excluir a la vista de lo que estaba cruzando la calle, la deriva hacia abajo desde la cima sobre la que había visto la formación de masas de nubes. Más profundo y más

profundo, más húmedo y húmedo, frío y más frío, aumentó la niebla. Todos, envueltos en sus mantas gruesas (…) Al principio pensamos que esto podría ser una rara ocasión, pero se trata de una ocurrencia diaria, y desde nuestra propia experiencia de cuatro o cinco días, podemos fácilmente creer que la declaración es verdad. ¿Cómo un pueblo puede vivir en tal lugar, sufriendo veinte horas al día, sólo para las cuatro horas de sol claro?”

Hoy, a más de 100 años después, la situación natural no ha cambiado mucho. Las intensas lluvias continúan, le densa neblina igual, los cerros, lo pintoresco y lo frío sigue siendo una característica muy propia de nuestra región.

Hay días en que llueve prácticamente todo el

día, el sol oculto en todo momento, los mejores días el sol sale dos, tres o cuatro horas como lo menciona Star. Pero igual hay días en que la lluvia se va y el sol resplandece todo el día, luego, nuevamente la lluvia. El equilibrio natural. Los meses de mayor lluvia son: julio, agosto y septiembre.

¿Te lo imaginas? Sales de tu casa, caminas y a cada paso que das sabes que tus pies se mojan. Encuentras un charco de agua por acá, brincas, das otros dos pasos, otro charco de agua por allá, otro brinco. Sientes que tus pasos empiezan a ser más pesados, es el lodo que va adornando tus pies. Levantas la mirada a un punto lejano que no encuentras porque todo es blanco, debes hacer un esfuerzo extraordinario para distinguir personas y casas a una pequeña distancia. Que no se diga se vas manejando porque no avanzas, el limpiaparabrisas de un lado a otro, las intermitentes en todo momento y el pendiente de patinar en cualquier momento. Puede parecer fantasía pero es una realidad fenomenal, algo extraordinario, un paraíso, una temporada única que muchos desean pero a la que también muchos le huyen. Para los que estamos aquí, los que nacimos y crecimos en este lugar, todo es normalidad. Además, en estos tiempos, ¿Quién le huye al agua?

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